Ahí, justo ahí estoy yo. Dejándome llevar entre las cenizas de todo lo que fuimos. Que fuiste la llama que encendía cada uno de mis sueños, pero ya se sabe, quien juega con fuego se quema y yo, que sabes que nunca que he sido de medias tintas, dejé que ardiera, casi tanto como aguardiente deslizándose por mi garganta. Que lo único que quiero es gritar, gritar hasta que no me quede aliento, gritar hasta que se quebrante mi voz, diciendo que te quiero. Que no me importan las cicatrices ni todas las heridas que me quedan por lamer, que te quiero a mi lado. Que te deseo, que lo hago aunque duela, incondicionalmente, hasta cuando sé que no debería. Y que incluso cuando discutimos deseo cada centímetro de tu piel incluso más. Que créeme, me esfuerzo por odiarte, de verdad que lo hago, pero ¿qué le voy a hacer si he conocido el sabor de tus labios? Y no, no lo hago por masoca, al menos no del todo, sino porque una vez se ha probado lo prohibido, no importa el precio que tengas que pagar, siempre se quiere más.
Sí, tengo mono de ti.